7 ago 2014

Todas estamos enfermas

Autopsia a un copo de nieve es una obra argentina que está en Chile gracias al Corredor Latinoamericano de Teatro. La obra nos instala en un espacio fijo, la casa, habitada por tres mujeres: una madre y sus dos hijas. Es una historia de mujeres en un universo en el que ni siquiera se hace mención a un padre o a otros hombres relevantes. Mujeres en distintas etapas de la vida. La niña que no logra sentirse querida, su hermana adolescente y la madre trabajadora. La niña, Nicoletta, se ha lanzado por la ventana del departamento en el que viven. Así se inicia a la obra y luego vuelve atrás, a una serie de situaciones cotidianas donde se deja ver lo sola que está Nicoletta, sola como están las mujeres. La niña espera el baño que su hermana ocupa por largos minutos para depilarse sin importar que la niña lo necesitara. La escena se repite más adelante, la hermana mayor toma una ducha antes de que salgan y se demora tanto que Nicoletta se queda sin poder bañarse. La madre no le da el favor a Nicoletta y empieza a acentuar un trato distante y frío con su hija menor, que a momentos se acerca a la crueldad.
El momento de mayor lucidez en la obra se produce luego de que la hermana mayor salga del baño donde ha estado fumando marihuana. En ese estado tiene una conversación con Nicoletta, donde le dice “Estamos todas enfermas, a todas nos duele un rincón. ¿Cuál es tu rincón?”, comentarios que van acompañados de sentencias como que el futuro no existe y que no hay salida. Ese es el alma de la obra, una historia atrapada en el espacio cerrado de la casa, un lugar invisible.
Nicoletta es quien más lo resiente, ella quiere ser querida o aunque sea molestada en la escuela, como su compañera de la que se burlan por ser gorda, porque ella al menos tiene atención. Nicoletta es la más invisible de esta historia de personajes invisibles, invisibles como un copo de nieve en medio de la tormenta (...)


Autopsia a un copo de nieve
Autor: Luis Santillán
Dirección: Bernarda Tapia Herrera
Asistencia de dirección: Benjamín Prati
Elenco: Titi Suárez, Agustina Palermo, Andrea Varchavsky
Música original: Juan Manuel Sisto
Diseño de iluminación: Damián Monzón
Diseño y realización de vestuario: Titi Suárez
Realización de escenografía: Juan Argerich, José Maldonado, Agustina Palermo
Entrenamiento corporal y asesoría coreográfica: Agustina
Foto: Daniela Pafundi

12 may 2014

Lo que una ama de Salvador Young Araya

Lo que una ama de Salvador Young es una novela fácil de destruir, porque entrega suficientes razones para considerarla superficial y estereotípica. Estos elementos, sin embargo, no son el ripio de una escritura descuidada, sino más bien las herramientas de un tipo de mundo retratado y marcado profundamente por la superficialidad y la pertenencia a los espacios. En este sentido la propuesta de Young logra ser desagradable cada vez que presenta personajes y sus maneras de relacionarse; desagradable, insisto, porque como lectores estamos predispuestos a un tipo de escritura respetuosa con las figuras homosexuales, pero aquí ocurre que quienes protagonizan esta novela no tienen un compromiso político vinculado a su deseo sexual ni están mostrando el utópico mundo lésbico que podría ser aceptado. Son personajes que habitan un mundo desagradable, pero eso en la novela funciona.

La novela narra la primera relación de Madeleine con otra mujer y la manera en como esto la lleva a ingresar a espacios que antes no habitaba e impacta a quienes la rodean. La forma en que ocurre esto es precisamente la clave de la propuesta de Salvador Young, quien se encarga de hacerlo desagradable. Solana, la joven con la que Madeleine se involucra es la encargada de resaltar un estilo de vida que incomoda al lector, superficial y prejuicioso, que de algún modo contrapone el amor que se está gestando en Madeleine con el absurdo del universo que habita Solana. Madeleine viene de Francia, pero eso no la ubica en un lugar especial, excepto para Solana, que está encantada con lo europeo y cómo esto significa un nivel social que ella acostumbra y defiende, aun cuando Madeleine deba trabajar.
Esto, por supuesto, ocurre en Santiago, ciudad donde Solana conocía la noche y la dominaba, especialmente a la cabeza de los Depeche Love, grupo musical que integraba. Esta pertenencia al espacio se tensiona en su viaje a Buenos Aires, donde se siente postergada:
“Solana, cabizbaja, notaba cómo Madeleine invertía su tiempo en la tanguera. Se sintió dejada de lado… No estaba acostumbrada a esa indiferencia, ella en Chile siempre llamaba la atención. Ahora era una chilenita, como le había dicho la maestra, y sentía que había millones como ella, con su color de pelo, su color de ojos, la originalidad de su look” (228).
(...)
La crítica completa es La sexualidad de los espacios desagradables en Ojoentinta.com

Lo que una ama
Salvador Young Araya
Chancacazo Ediciones, Santiago, 2013

17 sept 2013

Silencio, trauma y esperanza: Novelas chilenas de la Dictadura de Mario Lillo Cabezas


La propuesta de Mario Lillo Cabezas de analizar un grupo de novelas escritas en Chile durante las últimas cuatro décadas es por sobre todo interesante, aunque la ejecución del proyecto sea bastante curiosa. Lo primero que llama la atención es que la selección se hace sobre obras que no han sido especialmente valoradas dentro del panorama de la literatura de dictadura, aún cuando “conocieron en su momento algún grado de éxito, ya sea de crítica, de ventas, de resonancia mediática o a través de premios otorgados”. Lillo aclara que no fue esto último el criterio central de selección, pero resulta imposible no pensar en que este punto precisamente sea lo que más podría igualar estas obras. Cabe destacar que existe un gran diferencia entre el éxito en ventas y resonancia crítica, ambas siendo formas de recepción transitan entre lo comercial y académico, pero igualarlos sería una ingenuidad.
Silencio, trauma y esperanza: Novelas chilenas de dictadura, 1977 – 2010, está estructuralmente conformado por tres partes, además de una introducción que da cuenta del panorama general de la escritura acerca de este periodo histórico con temáticas que luego no se abordan en este trabajo, autores y escrituras que sirven de contexto de este análisis. Los tres apartados que siguen a esta introducción son “Elipsis narrativa de la memoria”, “Memoria tangencial de la dictadura, o el discreto encanto del orden familiar” y “Memorias traumáticas de la dictadura”, en cada uno abordando distintas novelas.
Otra curiosidad de este libro, es el método que Lillo emplea para el análisis de las novelas seleccionadas, porque se podría esperar de una selección de novelas de dictadura, un análisis desde sus representaciones históricas, los proyectos políticos que cada una construye, el trabajo que cada una presenta sobre la memoria o su propuesta política. En cambio, la opción de Mario Lillo es interrogar las novelas en sí mismas, es decir, respondiendo a preguntas sobre el modo, el tiempo, el espacio y los personajes, con apenas algunas alusiones a los histórico y político, que es lo que en principio justifica que estén siendo analizadas. Algunos de estos análisis son del tipo “la novela [Tiempo que ladra de Ana María del Río] se presenta al lector como una diégesis emanada de la voz de la narradora-niña y la mímesis se presenta enmarcada absolutamente en la diégesis de esta narradora homo-intradiegética”.

(...)
La crítica completa es Novelas de la Dictadura en Revista Intemperie.cl

Silencio, trauma y esperanza: novelas chilenas de la dictadura, 1977 – 2010
Mario Lillo Cabezas
Ediciones UC, Santiago, 2013

4 jun 2013

Encapuchados, mercado y 1%

Señales de guerra se presenta en voz de sus propios personajes en escena como una secuela de Los noventa y nueve, obra que un año antes celebraba el egreso de algunos de sus actores. Ahora, un año después, la compañía ha dejado reposar algunas ideas que la sostienen. Luego de Los noventa y nueve, quisimos hablar de los unos, señala la actriz recién iniciada la obra. Los unos, son ese uno “por ciento” de Chile, que se guarda la mejor tajada de torta del sistema neoliberal dejando al resto de la población peleándose por las migajas sobrantes, esto hasta que se decidan a hacer algo por un cambio, dejando ver las primeras señales de guerra.

Esta propuesta teatral tiene al menos tres grandes aciertos. El primero es quitarle la capucha al individuo criminizalizado, de quien se habla en las noticias como un delincuente que actúa al margen de la ley sin motivo alguno, infiltrándose en las marchas estudiantiles y otras instancias de protestas. A este sujeto, a quien se le indican todas las características indeseables, se le utiliza además como argumento para criminalizar las demandas sociales, desplazando metonímicamente su actuar anónimo al anonimato de una masa de personas que se encuentran enfrentadas por sus derechos.

El encapuchado, una señal de guerra, tiene en su composición algo simbólico, en cuanto a que bajo esa capucha caben todos, estudiantes, madres, jóvenes trabajadores o cualquier persona. Esta propuesta teatral instala a cuatro jóvenes con sus polerones con capucha planeando infiltrarse en el homenaje a Pinochet, que tuvo lugar durante el año pasado en el Teatro Caupolicán. Su intención es conocer a los “unos” para poder interpretarlos. Esto los pone en medio de quienes participan del homenaje y quienes esperan fuera del recinto para protestar (...).


Señales de guerra
Dirección: Manuel Ortiz
Asistencia de dirección: Benjamín Prati
Elenco: Fabián Sáez, Natalia Lagos, Benjamín Bravo, Mauricio González
Diseño integral: Shalini Adnani, Patrick May
Composición musical: Alejandro Miranda
Producción: Andrea Vera Puz

27 dic 2012

Yoli de Chancacazo

Me encontré con un texto llamado Yoli en internet; digo texto debiendo decir experimento, tal como lo clasifican en Chancacazo Publicaciones. Este texto, insistiré en la clasificación, está compuesto por una serie de fotografías de un celular estático, donde lo único que va cambiando son los mensajes de texto que se muestran, los que finalmente permiten construir una narración.
La historia es muy sencilla, alguien escribe mensajes a una tal Yoli, proponiéndole encuentros fugaces y furtivos, que se van transformando en declaraciones de amor, de ira, celos, más propuestas y canciones, suficiente para establecer una situación, personajes, un universo narrado y un espacio temporal en el que ocurre.
“Yoli guachita t amo y te extraño mxo” es uno de los enunciados que se puede encontrar, como también “no me interesan tus falsos deseos d felicidad si m cagaste la vida”. La Yoli parece no responder o no se nos muestra ninguna respuesta en la selección de imágenes, pero es posible inferir que otros personajes informan al autor de lo que hace la protagonista. Esto, inevitablemente, me recordó la narración epistolar que se lee en Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska, donde se simulan las cartas escritas por Angelina Beloff a Diego Rivera cuando  este la dejó y se fue a México. Diego Rivera, así como la Yoli, no responden las cartas ni los mensajes respectivamente, lo que funciona como recurso para aumentar la tensión en el deseo de sus interlocutores, emisores que sin respuesta inician el camino de la angustia llevándolos a evolucionar o involucionar.
Es interesante también la manera en la que se nos presenta el texto. En la página donde se puede revisar online dice: “Yoli fue encontrado por Alejandro Palacios en la memoria de un celular provisorio que le entregaron en la sucursal Downtown de la compañía telefónica Claro. Juan Edwards tomó las fotografías del aparato”, origen desconocido como ocurre con otros ejemplos de diarios de vida encontrados o cartas recobradas. El lector entonces acompaña el hallazgo y puede reconstruir una historia con el material del que dispone, en este caso los mensajes de texto. Esto podría ser la simulación de un hallazgo sin quitarle ningún mérito a la propuesta de Chancacazo, una de estas cosas interesantes, breves y gratuitas que se puede encontrar en internet.
La publicación original  es Yoli guachita t amo en letrasenlinea.cl

9 nov 2012

Soldados perdidos de Alejandro Cabrera Olea


Soldados perdidos es la primera novela de Alejandro Cabrera Olea, que a pesar de ser un libro muy extenso, contribuye a darle voz a una historia menor, lo que es un gran atributo en consideración de la seguidilla de libros que han apareciendo para contar su versión de la década de los 80´. El contexto histórico que se evoca es claro: la dictadura y el fallido atentado para matar a Pinochet. Este suceso que podría dar origen a una memoria definida por estos acontecimientos, en realidad toma un desvío en otras direcciones.

Rodrigo Rojas se nos presenta al inicio como un escolar que gana un concurso de cuentos y que se va el fin de semana a Quinteros con su profesora, quien por un accidente entra en coma antes de que se vuelvan a ver el lunes en el colegio en la premiación. En la inútil espera de que Angélica, la profesora, despierte, Rodrigo sigue escribiendo en su diario con fechas al revés con la abreviación a.C. (antes de Cristo), una posibilidad escritural al avance del tiempo que siempre va hacia adelante, pero que puede ser escrito de otra manera. Durante la misma espera muere Rodrigo Rojas, un periodista víctima de la dictadura que, debido a que tiene su mismo nombre, crea la sensación de que hubiera muerto él. Esta es una referencia al hecho ocurrido en una protesta en 1986, donde Rodrigo Andrés Rojas De Negri, periodista, murió a causa de las quemaduras provocadas por un vehículo militar. Hay algo literariamente maravilloso ocurriendo en ese momento en la novela. Cuando el periodista muere, el niño que lleva su mismo nombre siente como si muriera él y a su vez permite que su presencia en el hospital cree la sensación de que el fotógrafo no hubiera muerto o quedara en parte vivo en el niño, lo que produce un cambio que si bien solo es simbólico, es un gesto que la literatura permite.
Rodrigo Rojas, en el siguiente capítulo, es más grande y viaja acompañado de otros jóvenes en una combi a la playa; allá planean matar a Pinochet. El suceso que sí se lleva a cabo es que decide cambiarse el nombre a Juan Perro “para la guerra”, como él dice. Juan Perro aparece en los capítulos siguientes, más adulto hablando de la distancia que tiene con su hijo, cuando viajó a Buenos Aires o como autor de un cuento que aparece enmarcado y firmado en la narración –un plagio como declara el personaje–; también aparece en Nueva York como John Dog y dejándole a su amigo Robinson Guajardo lo que él llama “su primer cuento norteamericano”. Esto último, la marca literaria, es una de las líneas que se puede seguir en Soldados perdidos, ideas sobre cómo podrían llamarse los cuentos, posibles ideas sobre qué escribir, apuntes acumulados, en fin, muchos indicios de prácticas literarias que funcionan como entre medios de la historia que podría entenderse como la central, pero al igual que el título de la novela, quizás está perdida entre el resto del texto.
La crítica completa es "Hay historias que también pueden ser imaginadas desde Chile" en Revista Intemperie.cl

Soldados perdidos
Alejandro Cabrera Olea
Santiago, Das Kapital, 2011.

1 feb 2012

La soga de los muertos de Antonio Díaz Oliva


Si este libro hubiese sido publicado después de que Nicanor Parra recibiera el Premio Cervantes me habría parecido oportunista, aunque incluso ese comentario habría sido fácil, reduccionista e injusto. Además de no haber ocurrido de esa forma, lo que realmente interesa en La soga de los muertos es una serie de señales que lentamente van siendo descifradas por un lector novato, protagonista de la historia.
Esta novela parte de la premisa de que incluso los personajes vivos están muertos, aun cuando en la fábula contada se haga esa diferencia. Estarán por lo tanto los muertos-muertos y los muertos-vivos, que pudieron morir de manera real, que pueden estar ausentes o distantes, un padre del que poco sabe el protagonista es un ejemplo de estos muertos-vivos, que vuelven constantemente para ser recordados. En la literatura a veces lo que muere es la memoria o las ganas de hacer algo, aunque en ella nada está realmente muerto, sino más bien vivo y conectado de múltiples y fértiles maneras, tal como se construyen los intertextos en esta novela. 
La soga de los muertos además de ser la primera novela de Antonio Díaz Oliva, es al interior del relato, el nombre de la edición artesanal del libro Las cartas del yage, que reúne la correspondencia que Allen Ginsberg le envió a su amigo William Burroughs y que según lo contado, un gringo loco habría vendido en la feria artesanal del Santa Lucía a fines de los años setenta. La soga de los muertos también es la traducción exacta del quechua para ayahuasca, bebida de origen vegetal que se asocia tanto a rituales nativos como a experiencias psicodélicas, lo que el mismo Ginsberg habría experimentado en su visita a Chile, según la prensa de la época. Lo que hay en esta referencia doble al sentido del título de la novela, es lo que yo llamaría la diminuta señal del universo, algo así como pequeñas pistas que invitan a enlazar la fábula contada con la propuesta de Díaz Oliva, aquella en que La soga de los muertos es el nombre de dos libros y de una bebida potencialmente alucinógena. De esa manera es posible construir el sentido y resolver las inquietudes que nos atormentan, en ritos que perfectamente pueden ser literarios (...).


La soga de los muertos
Antonio Díaz Oliva
Santiago, Alfaguara, 2011

18 ene 2012

Las confabulaciones de Mauricio Olivera


Las confabulaciones no se ofrece al lector amablemente, y en cambio guarda distancia y se encierra en sí mismo. Curiosamente este rechazo aparente a ser leído cobra sentido en la idea misma de una confabulación que le da título.
Dos elementos parecen perceptibles en la forma en que está escrito el libro de Olivera. El primero es una aproximación a la corriente de conciencia como forma de narrar que
,
 si bien no significa escrituralmente un riesgo, permite actualizar el recurso. Cada confabulación (división que se usa a modo de cuento o capítulo) se inicia de manera legible y secuencial, un inicio posible de comprender y que adelanta –falsamente– una historia continua: “Por Av. Coronel Alejandro Sepúlveda me adentré sin saber a dónde iba y me encontré en una parroquia desolada”.
Lo que realmente sucede es la fragmentación del relato inicial y la lluvia de ideas que difícilmente estarían unidos sin el libro: “Vamos a echar la última meá y seguimos cantando con ustedes vuestras salmodias blasfemas, invocando a la Malvada, a la Asesina, a la niña buena que me hechizó, me sometió y me martirizó”. En ejemplos como el anterior a menudo se ve un tránsito violento entre la formalidad y el coloquialismo en el lenguaje, así como también en las ideas. La confabulación ignora la necesidad de un contexto, relacionando las referencias religiosas con la presencia de extraterrestres, animales con características vengativas como la “malvada avispa con ojos de serpiente enloquecida”. El uso del lenguaje incluso evidencia la posibilidad de instalar una segunda lectura forzada donde no necesariamente la hay: “Está muy cerca el (des) esperado final”, “sus (mis) mujeres”, “el cálculo me falló (¿follé?)”, “No quiero más sobras (¿sombras”). Lo que queda entre paréntesis es lo que transforma lo fabulado en lo (con) fabulado, permitiendo establecer vínculos diversos y promiscuos de sentido (...).


Las confabulaciones
Mauricio Olivera
Santiago, Chancacazo, 2011

21 dic 2011

Raro de Óscar Contardo


El último libro de Óscar Contardo (Planeta, 2011) no tiene nada de raro en cuanto a documento periodístico: está organizado, posee diversas fuentes, construye un panorama más o menos general del tema que aborda. Lo más novedoso es que ofrece una lectura envalentonada sobre la serie de discursos epocales e intencionados, incluso malintencionados, que tienden a juzgar negativamente la homosexualidad.
Más que una historia gay de Chile, Raro es una crónica sobre la culpa impuesta a los hombres que se acuestan con otros hombres. Para esto, Óscar Contardo documenta el proceso histórico cultural que habla de cómo se ha abordado este tema, y luego establece una cronología que se va focalizando cada vez más en el panorama chileno. Este periodo, desde la Edad Media hasta la actualidad, es un recorrido más sobre la homofobia que sobre la homosexualidad. Por lo mismo, deja fuera la lectura sobre las prácticas sexuales en la cultura clásica, visible tanto en La Ilíada de Homero (donde se vislumbra una relación culturalmente aceptable entre Aquiles y Patroclo, considerándolo vínculo entre maestro y discípulo), así como también en la recordada “Égloga II” de Virgilio, que insiste en un enamoramiento hacia el joven Alexis en un ambiente de tranquilidad próximo a la naturaleza.
El recorrido temporal de Raro parte con la mención a la reticencia de militares y religiosos a aceptar la homosexualidad desde la Edad Media, cosa paradojal considerando que, históricamentente, iglesia y ejército han sido instituciones controladas exclusivamente por hombres. Otro antecedente es que Tomás de Aquino establece que el coito perfecto solo es posible entre un hombre y una mujer cuando los fines son reproductivos. Además, se menciona el desplazamiento, en la cultura mapuche, del machi hueye a la machi mujer al comienzo del siglo XX como resultado del encuentro con la cultura europea, que ve con malos ojos esta imagen afeminada del machi. El recorrido continúa señalando que sugerir la homosexualidad era una grave ofensa, con la sinonimia cultural que se crea entre homosexual y pedófilo; también se menciona cuando Karl María Kertbeny acuñó en 1868 la expresión homosexualität, que junto auranismo se instalaron en la medicina y en el discurso científico para reemplazar el insulto en el vocabulario culto. Óscar Contardo destaca que al llegar al siglo XX, el tratamiento médico que le daban a la homosexualidad era propio de una enfermedad. En este sentido, una historia especialmente reveladora que ofrece este libro es aquella que narra cuando al matemático inglés, Alan Turing, lo condenaron por el delito de “indecencia” a un tratamiento con inyecciones de estrógeno para controlar la libido, luego de que se viera presionado a reconocer su homosexualidad (...).


La crítica completa es Más raro que violarse a un ángel, en Revista Intemperie


Raro. Una historia gay de Chile
Óscar Contardo
Santiago, Editorial Planeta, 2011.

7 dic 2011

Superhéroe de Gonzalo David


Si la escena literaria nacional fuera una fiesta de disfraces, el libro de Gonzalo David iría vestido de Superman (el intertexto es inevitable) y llegaría rodeado de amigos, lo que lo haría el invitado más popular de la velada, pero no necesariamente el que baila mejor. Incluso, si este Superman resultara ser un buen bailarín, el problema estaría en que sus amigos le robarían la atención y no lo dejarían mostrar sus dotes en el baile. Algo como eso es lo que sucede con este poemario.
Al leer Superhéroe (La Liga de la Justicia, 2011) cuesta pensar en eso que uno dice siempre, ese límite que separa al autor real del autor implícito y más aún del hablante lírico. Aquí todo parece invitar al lector a fusionarlos, pero no, eso no se hace. El libro está repleto de guiños muy personales, comentarios sobre dónde el autor implícito quiere ser ubicado como poeta e incluso de lo que significaría ser un mal poeta: “cuando asumí que sería el peor poeta mi de generación”. Todo lo anterior podría leerse con algo de generosidad como un giro metaliterario si es que optamos por leerlo así. También podría entenderse que el libro no tiene una pretensión literaria, que es una opción escritural completamente válida, pero esta posibilidad se vuelve compleja cuando este autor declara en un verso: “No soy poeta. No me interesa serlo”. Superhéroe efectivamente es un poemario, o eso se entiende porque lo clasificaron dentro de la colección poesía “Los Vengadores”, según la información del inicio. Sin embargo, es mucho más fácil entenderlo como un diario de vida, caso en que me parecería que tiene un valor literario agregado; como poemario luce debilitado. Diría (siguiendo con las analogías de superhéroes) que le dieron el traje de Aquaman a Superman, que lo vistieron equivocadamente (...).



Superhéroe
Gonzalo David
Santiago, La Liga de la Justicia Ediciones, 2011.

6 dic 2011

Don Mosco de Patricio Mena y Sergio Lantadilla



Don Mosco (Patricio Mena, texto; Sergio Lantadilla, ilustraciones. Pehuén 2011) no es el tipo de libro al que el lector se dispone con demasiada seriedad, ya sea porque se trata de moscas, porque esas moscas no viven mucho, porque el libro es breve, porque es una novela gráfica o porque su formato se parece a muchos libros infantiles que quieren captar pequeños lectores con historias maravillosas de princesas o de dragones. Don Mosco en cambio rescata a los personajes secundarios de la literatura, o más bien, aparentemente olvidados.
Es cierto que Don Mosco no es la lectura representativa que hace Augusto Monterroso de las moscas como seres omnipresentes que a través de la historia lo ven todo, tampoco es Las moscas de Jean Paul- Sartre, aun cuando en un momento del libro el conflicto es la venganza de una hija que recuerda al clásico personaje Electra, pero no, este libro no parece sustentarse en ese intertexto posible, principalmente porque a diferencia del texto de Sartre, la aparición de las moscas es solo un símbolo de lo que sucede.
El eje de la historia es las moscas y sus breves vidas, entonces es ese el inicio de todo: “las moscas viven tan poco que no alcanzan a resolver sus problemas. De hecho, sus problemas terminan viviendo más que ellas”, es lo que se anuncia en la contratapa del libro. Ahora bien, no basta tener una idea como esa para darle sentido a Don Mosco, más bien se convierte en un problema complejo de abordar porque las moscas mueren pronto, entonces al poco andar las acciones quedan inconclusas, la correspondencia no alcanza a entregarse, quedan personas, o más bien moscas,  que mueren a la espera de batirse a duelo o del regreso de su gran amor (...).


Don Mosco
Patricio Mena, textos. Sergio Lantadilla, ilustraciones.
Editorial Pehuén, 2011

10 nov 2011

Ánima Adjunta de Pablo Fuentes

El volumen de cuentos Ánima Adjunta (Chancacazo 2011) se compone de diez textos breves que no funcionan en una conexión narrativa entre ellos, pero sí como un paralelismo simbólico que se reestructura de un texto a otro. Ánima Adjunta es la historia de personas sin alma, atrapadas en la soledad o en la rutina porque no tienen un motor interno que los ayude a direccionarse, a tener proyectos ni horizontes. Es por esto que necesitan algo más, lo que como dije antes no está en encontrarse a sí mismos ni a su esencia, sino en la añadidura de elementos adjuntos, que remedien esta falta de alma. No es tampoco la falta de alma el motivo literario que sustenta este libro, sino la dependencia a la prótesis de alma a la que adscriben en algún momento de su historia. Esta es en algunos casos representada por un objeto y en otras por otros personajes. La característica en común es que esta dependencia siempre es alguna representación externa al personaje aludido (...).


La crítica completa es Ánima Adjunta en un cuerpo sin compañía, en Revista Intemperie



Ánima Adjunta
Pablo Fuentes
Santiago, Editorial Chancacazo, 2011

5 oct 2011

La Hediondez de Marcelo Mellado


La violencia, el deseo, la ambición y el ajuste de cuentas son temas que Marcelo Mellado desarrolla a escala, por lo tanto, tal como una maqueta que respeta las proporciones de los grandes edificios, La Hediondez funciona de manera proporcional en relación con los grandes conflictos de la sociedad.
El de Mellado es un gesto discursivo. San Antonio es a una gran ciudad, los fondos públicos son a los capitales económicos, la poesía auto gestionada es a la industria editorial, las rivalidades son a la gran mafia, la ficción literaria es a la realidad inefable; un asunto de abstracción y escala. Si bien, la equivalencia funciona de manera lógica, la propuesta literaria de Mellado permite que las relaciones internas de la novela tengan lógicas propias, esto es porque hay algo definitivo, las cosas solo son en la ficción, lo que evidentemente podría anular la afirmación anterior. Sin embargo, esta contradicción cobra sentido en textos como La Hediondez.

La crítica completa es El gesto de hacer de lo hediondo algo importante, en Revista Intemperie


La Hediondez
Marcelo Mellado
Santiago, Alquimia Ediciones, 2011

9 ago 2011

Ramal de Cynthia Rimsky


Para hablar de Ramal, necesito hablar de fantasmas, porque los fantasmas permiten imaginar una forma de relacionarse con los lugares, con los recuerdos y con las personas en un plano incierto. Los fantasmas son una presencia-no presencia de la que se puede sospechar, por supuesto, sin conseguir comprobación de aquello. Es cierto que Cynthia Rimsky jamás hace mención a algún espíritu o presencia paranormal en la historia, sin embargo, viene al caso hacer referencia a esto para encontrar un lugar dentro de ella. Este libro se construye en diferentes planos: las historias narradas, los espacios reconstruidos y los construidos y también las imágenes; ninguno de estos planos está delineado del todo, pero sí determinado con mucha precisión.
En términos simples, el título Ramal hace referencia a uno de los brazos posibles de una vía férrea, por tanto, corresponde a una variación de un recorrido, a estos lugares que pueden ir quedando, según la frecuencia de un tren, en el olvido. Un ramal en desuso es el desdibujamiento de una cultura, y es ahí donde Cynthia Rimsky instala su novela: en el paso del tiempo sobre una familia y en la desaparición del presente que provoca que todo vaya quedando en los recuerdos abandonados del ramal (...).



Ramal
Cynthia Rimsky
Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2011

18 jul 2011

No quería contarte que estuve jugando en el patio de atrás


Ayer me llevaron a jugar al patio de atrás, así, tal cual, mientras me fumaba un cigarro comenzó la obra, o un poco más tarde, o quizás había comenzado desde que llegué al lugar. No sé cómo hablar de El patio de atrás desde el teatro, sin que irrumpa en mi comentario la experiencia de la que fui parte. Me resulta absolutamente complejo delimitar la actuación y al público, el último creo que no entró al patio de atrás. El resto, nos quedamos encerrados en un espacio que invitaba a la inseguridad. Es por esto mismo que me resulta difícil cuidar la manera en que hable de esta propuesta teatral, no sin recurrir a expresiones como “me cagué de nervios mientras comenzaba el juego”, o “me emocionó más que la mierda imaginarme, imaginarla, pensar en un cuerpo sin vida durante días hasta que alguien advierta el olor, el dolor, la soledad que nos mueve a jugar a menudo”.
El patio de atrás desdibuja los límites entre el espectador y el espectáculo, ambos están unidos, o ninguno existe. En situaciones como esta, es cuando pienso que espectáculo es una expresión que hace pensar en las espectacularidades, las que no existen en la vida, o si existen, son la prueba de que nos hemos estado encegueciendo con las fantasías. Paradójicamente a en esta propuesta, la fantasía del teatro es la no fantasía de la vida real. Se trata de una obra disimuladamente ambiciosa, exacta y flexible, pero por sobre todo, se trata de un juego.
El teatro en esta obra comienza y termina cuando no es esperado, queda preguntarse qué tanto fue real. Cuando se enciende la luz, los espectadores adoctrinados comenzamos a esperar al elenco hacer una reverencia (o varias), reverencia que no llegó jamás, en un acuerdo implícito decidimos de todas formar aplaudir, aplaudir-nos, el aplauso entre quienes quedaban después del juego.
El patio de atrás es un experimento, tal como un rumor que se pasa de boca a boca, es un secreto más que una invitación al teatro. Yo estuve ahí anoche, comento compartiendo una café a media mañana, pero a nadie le importa. Esa es la diferencia entre el teatro y el juego. El teatro remite a situaciones muchas veces (aunque no todas) socializadas, respetando al menos la línea entre la ficción y la fantasía, donde existen elementos y códigos esperables. El juego no. El patio de atrás en ese sentido, funciona mucho más como un juego, un microsistema de realidades, que perfectamente podemos llamar fantasía o actuación. Lo interesante, es que desde fuera no se ve nada, pero desde dentro no queda claro si uno es la fantasía en medio de la realidad, o este montaje es la posibilidad de encontrar durante una hora la realidad en medio de tanta fantasía. Digo una hora porque es un límite que me resulta prudente, lo que pasa es que cuando uno está jugando, el tiempo pasa de manera muy veloz. Eso se acaba cuando uno abandona el patio de atrás, el tiempo vuelve a ser el tiempo, los actores actores, así como también cada uno vuelve a ser la persona que era antes de comenzar a jugar, y por lo mismo, en el café de media mañana nadie se identifica con la experiencia, ellos no estuvieron, no anoche al menos, parece ser que una vez fuera ya nadie sabe con exactitud dónde aquel sitio, las indicaciones se pierden. Algunos habrán jugado y es una buena idea no comentarlo, no será que la próxima vez nos descubran jugando en el patio de atrás.


El patio de atrás

Dirección: Manuel Ortiz
Dramaturgia: Creación colectiva
Elenco: Marcelo Flores, Christopher Estay, Natalia Lagos, Alexandra Parra, Fabián Sáez, Carol Jaque.
Fecha: 18 de julio al 27 de Julio

6 jun 2011

El Hombre Blando de Gregory Gohen

Comenzar a leer El Hombre Blando de Gregory Cohen es el equivalente a un encuentro en la vía pública, una situación emocionante que necesariamente perdura poco tiempo, y es que el texto nos ofrece un inicio donde se derrocha el impacto del que el resto del libro carece. Comenzar la historia señalando que “Hace nueve meses me enteré por el diario que maté a mi mujer y a mis cuatro hijos”, es una propuesta equivalente al inicio de El Túnel de Ernesto Sábato, en cuanto a la conciencia retrospectiva, con la diferencia de que el personaje de Sábato enuncia los acontecimientos de los que tiene certeza, mientras que Alex Barco García, el protagonista de la novela de Cohen, menciona los hechos que él mismo no se explica. En ese caso incluso el inicio de Cohen me podría llegar a resultar más atractivo, precisamente por la incertidumbre de la situación en la que debieron ocurrir las cosas, tanto así que a través del diario el personaje se entera del parricidio múltiple que llevó a cabo. Hasta ese momento la posibilidad de resolver el enigma que los lectores compartimos con el personaje es una sana  y atractiva invitación a la búsqueda y la lectura detectivesca, tal como ocurre en el género policial. Sin embargo, esta es una invitación que al poco andar se desploma, en la medida en que la construcción narrativa carece de espacios vacíos donde el lector se sumerja en una búsqueda de posibles hipótesis que resuelvan el enigma planteado sobre el asesinato. El enigma no tarda muchas páginas en desarticularse, en dejar de ser un misterio, transformándose simplemente en información reservada para otro momento de la historia. Sabemos pronto que no han muerto y que más adelante aparecerán. La verdad es que uno mantiene la esperanza de que la narración de un giro a traición de lo enunciado, que se desarticulen las suposiciones que hemos sostenido, pero no sucede así y todo lo que se intuía,, llega, volviendo la lectura una crónica profundamente extendida a la espera de que el texto acabe (...).


El Hombre Blando
Gregory Cohen
Santiago, Desatanudos, 2011


27 abr 2011

Bolaño por sí mismo (Entrevistas Escogidas)


Para quienes somos aceptablemente jóvenes, Bolaño comenzó a existir con su muerte, a propósito de que imperdonablemente lo confundieran con Chespirito. De ahí que para mí siempre fuera un autor ya fallecido. En el intento de conocer su obra (un tanto involuntario, porque Bolaño se ha vuelto en literatura por agrado o saturación un tema ineludible), acabo por encontrarme frente un radio de ficción que lo rodea, ya sea sobre su prematura muerte, su vida, o más aun, sobre la vida que no llegó a vivir. No me resulta necesariamente indispensable pensar en el uso económico que justifique o al menos explique  la publicación de su obra póstuma, inédita, rescatada, o reeditada. Como lector lo que me interesa es poder atravesar la ficcionalización creada sobre Roberto Bolaño para llegar a su obra, que al fin y al cabo, es lo que como autor puede ofrecerme.
Bolaño por sí mismo, es un libro de entrevistas reeditado recientemente por Ediciones Universidad Diego Portales, luego de su aparición en el año 2006 y nos cabe preguntarnos sobre su pertinencia. En realidad, resulta ser una interesante construcción de sentido, en especial en la segunda mitad, “Balas Pasadas”, donde una serie de respuestas del fallecido escritor son montadas elidiendo las preguntas, de manera tal que parece ser un discurso extenso. Precisamente es esta construcción la que nos permite acercarnos a este espectro que rodea la obra de Bolaño.
El autor a menudo debe responder preguntas sobre su enfermedad, sobre su enemistad con otros escritores, e incluso sobre su lugar de residencia, preguntas que se vuelven repetitivas, pero información ignorable cuando aparecen atisbos de interesantes reflexiones teóricas, dejando ver su postura crítica sobre la escritura y todo el contexto que la rodea, ya sea el de la creación como el de la recepción. Él mismo señala la importancia de la crítica como una disciplina más de la literatura, incluso llega a sostener la hipótesis de que no existen las obras intraducibles, volviéndose evidente en casos como el de El Quijote, porque al ser una obra tan interesante, sería capaz de sobrevivir incluso al peor traductor, algo que de todos modos llegaría, señala Bolaño.
Ahora bien, hagamos el ejercicio de someter a Bolaño por sí mismo a la pregunta de qué es lo que sobrevive de las entrevistas, más aun cuando una parte de ellas aparece sin preguntas para darle unidad a las ideas del autor, que están sacadas de contexto y editadas (...).



Bolaño por sí mismo
Andrés Braithwaite (editor)
Segunda edición (revisada)
Santiago, Ediciones UDP, 2011

20 feb 2011

Tan cerca de la vida de Santiago Roncagliolo


Tan cerca de la vida de Santiago Roncagliolo tiene elementos para ser una gran novela, pero ciertamente no lo es. Estos elementos sin duda no sobran, pero están en la cantidad justa para salvar al autor peruano de una gran caída literaria.
En esta novela hay una búsqueda de una escritura original, que se le agradece a Roncagliolo como ejercicio literario, pero no como autor actual. Llama la atención que por momentos intenta dirigirse a un tú (o a más de uno): “Soñó contigo esa noche. Por primera vez en Tokio”, ya sea para nombrar a personajes que interactúan con el protagonista como a personajes lejanos a este, como la actriz porno de una película. La narración sostiene una lejanía sospechosa con el personaje Max, sin llegar a resolverla y justificar tanto uso del “tú” en la novela que, en términos generales, se vuelve un obstáculo para la fluidez de la lectura y genera un estilo narrativo repleto de descripción exageradamente abundante, donde sobran los “tú estabas en, mientras hacías tal o cual cosa”.
La mayor debilidad de Tan cerca… no está en la ya mencionada débil propuesta escritural, sino en la injustificada mención a una serie de temas conocidos y trabajados incluso en el cine, que se acercan peligrosamente al límite del cliché. Es así como nos encontramos con guiños a 1984 (1949) de George Orwel, Un mundo feliz (1934) de Aldous Huxley e incluso a la propuesta de extensión de vida que nos presentó Alejandro Amenábar en Abre los ojos (1997), pero resulta que  Roncagliolo escribe más de cincuenta años después que los autores mencionados y trece luego de la aparición de la película española. Entonces, ¿cómo debería impresionarnos un androide que canta only you, un papagayo robot con hermosas plumas de colores o una esperable recepcionista, casi idéntica a una mujer de verdad? (...).




Tan cerca de la vida
Santiago Roncagliolo
Santiago, Alfaguara, 2010